Mujer acodada en mesa. Olga Sacharoff

 

Empatizar es trascender. Lograr llegar al Otro. Salir de mí sin abandonarme y sin perderme en ese Otro. Sentir (emoción) y observar, comprender (cognición) qué hay en la persona a la que dirijo esa mirada. Asomarme sin caerme.

Pero para eso es necesario el Otro, su presencia. La comunicación interpersonal e intrapersonal. Sin embargo escuchamos a diario, a personas mediáticas reclamar empatía con entes, con generalidades, con abstracciones, que en en el fondo y lógicamente nos alejan de la realidad experiencial de la persona concreta y terminan por transformarla en un objeto prejuzgado, ya sea de forma positiva o negativa.

Es la contradicción, la trampa de los que reclaman empatía, pero que en esencia lo que piden es que nos acomodemos a su idea de cómo deberíamos ser, pensar, sentir y de cómo deberían ser las cosas. Cada uno elige los abismos a los que se asoma, que son Otros concretos, de carne y hueso, teniendo en cuenta además, que el que observa tiene también, dentro de si, su propio atolladero.

Contra esa (falsa) empatía que manda y que juzga, que exige, propongo luchar con la semántica, aunque sea ya, una batalla perdida.

Santiago Lanzuela

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